martes, 19 de diciembre de 2006

Henry Lee Lucas & Ottis Toole

Henry Lee Lucas






Henry nace en Virginia el 23 de agosto de 1936, fue un hijo no deseado, su madre (Viola Lucas) prostituta le crió a palizas y continuas humillaciones.Siendo crio vio a su madre prostituirse y golpear a su padre, Anderson Lucas, un alcohólico al que le faltaban las piernas. Soportó que le vistieran como si fuera una niña. Por supuesto se crió desnutrido, sin atención, sin educación ni valores. Sus primeras experiencias sexuales las mantuvo con animales a los que violaba para luego asesinarlos.En 1950 los padres tuvieron una discusión que terminó con la marcha del padre.














Para cuando lo encontraron al día siguiente estaba muerto y congelado en el bosque. Henry Lee no quiso quedarse a vivir solo con su madre y se marchó también, pero como era joven y no sabía hacer nada se dedicó a robar, lo que le llevó a reformatorios y a la penitenciaría.En la cárcel tuvo sus primeras experiencias sexuales con hombres y cuando salió de allí, en 1960, en el transcurso de una violenta disputa con su madre, Henry preso de un ataque de ira le propina diversas puñaladas que acaban con su vida y viola el cadáver de su madre. Le detuvieron y le sentenciaron a prisión y cinco años de reclusión en un centro psiquiátrico. Allí se le diagnosticó una psicopatía con desviaciones sexuales y sadismo.








En 1970 y sin estar curado abandonó la cárcel y se marchó a vivir a casa de su hermana y su cuñado. Estos estaban engañados respecto a su salud. Le creían curado. Henry Lee trató de no llamar demasiado la atención pero mató al perro de la familia, recordeamos que violaba perros y ovejas a las que degollaba durante la violación para aumentar su excitación.Más adelante se casó con una amiga de su hermana que tenía dos hijas. Ella trabajaba y él solía quedarse en casa con las niñas. Henry Lee violaba a la mayor (9 años) y obligaba a mirar a la menor (8 años). Un día,sin previo aviso, abandonó a la familia y se fue a recorrer el país.





Estuvo asesinando en solitario hasta que en Miami conoció al que se convertiría en su amante y consejero: Ottis Toole, un psicópata apodado "el caníbal de Jacksonville".
A Henry Lee Lucas se le relacionó con unos 300 casos más aunque él habló de 900.








Ottis Toole







Otis Toole vivió una infancia lúgubre y de abusos marcada por una abuela satanista y una hermana que le sometió a todo tipo de perversiones sexuales desde que Ottis tenía seis años. A los 7 años ya se vestía de niña, era algo retrasado. Se libró de su hermana cuando a ésta la metieron en un reformatorio. Entonces se hizo amante de un vecino. Le fascinaba el fuego y se masturbaba después de prender fuego a una casa. Se convirtió en un adicto sin recuperación a las drogas y el alcohol antes de cumplir los diez años. Con 13 años se ofrecía gratis para hacer felaciones a los borrachos, con 14 años cometió su primer asesinato y cuando tenía 25 ya había cumplido trece condenas.















Con más de 200 muertes en sus espaldas es conocido como el mejor equipo del Infierno: el Rey del Sadismo y el Generalísimo del Dolor.Henry lanzó su carrera estelar como el asesino al azar más famoso de la nación. En 1976, almorzando en un bar de Jacksonville, se sintió atraído por un travesti psicópata y algo retardado que atendía el lugar: Ottis Toole,quien se enamoró de Henry Lee Lucas sin saber que ambos tenían la misma perversión necrófila y el asesinato. A Ottis le faltaba la inteligencia que tenía Henry Lee, y a éste le faltaba la fuerza bruta de Ottis. Ambos descuidaban su higiene pero lograban acercarse a las personas por su "simpatía". ambos llevaron a cabo numerosas evasiones homicidas. Ottis era un fanático de la carne humana, y sirvió a muchas de sus víctimas en la cena. Henry, sin embargo, no era un caníbal porque, según él decía, detestaba el sabor de los estofados humanos de Ottis. Él era más un sádico y un necrófilo, prefiriendo el sexo con cuerpos mutilados y animales vivos o muertos.














Juntos se dedicaron a asesinar y descuartizar por la autopista I-35 repartiendo luego los trozos por todo el país, lo que hizo que la policía tuviera problemas para encontrar pistas. Henry Lee Lucas violaba y asesinaba preferentemente mujeres usando un cuchillo, y Ottis se dedicaba a los hombres y les disparaba. Ambos violaban a sus víctimas, después las asesinaban y descuartizaban y después las volvían a violar.Ottis no abandonó su piromanía y juntos quemaron vivo a un anciano en su casa mientras observaban como pedía auxilio asomado a la ventana.








Una sobrina de 15 años de Otis (que parecía tener diez años) se unió a la pareja en sus andanzas. Llamaba a las puertas de las casas mostrando su inocente aspecto y cuando se abrían las puertas entraban de golpe los tres. Se hizo novia de Henry y los problemas con Ottis comenzaron, porque Henry, que quería comportarse como una persona normal, dejó de asesinar para dedicarse a su novia. Durante un tiempo incluso se dedicaron a cuidar de una anciana, pero Henry no aguantó mucho tiempo y decidieron volver a la carretera. Tras vivir en otro pueblo la joven pidió a Henry que le llevara a ver a su familia a Florida. Esto no gustó a Henry pero aún así aceptó. Hicieron auto-stop y surgió una discusión que terminó con la jovencita asesinada con el famoso cuchillo de Henry, directo al corazón. Una vez muerta la violó. Más adelante diría que aquel fue el mejor sexo con su chica.


Volvió a visitar a la anciana que la chica y él estuvieron cuidando sólo para asesinarla y esta vez había pistas tras él. Al final fue detenido y terminó confesando no sólo sus dos últimos crímenes sino tantos otros de los que ni siquiera era sospechoso.



Con Henry Lee caía también Ottis, que fue detenido y hasta confesó haber compartido algunos de los crímenes de su amante. A Ottis le cayó cadena perpetua y murió finalmente en la cárcel, y a Henry, pena de muerte. Esta fue rechazada finalmente en 1988 y Henry siguió vivo en prisión con un cómputo de 11 asesinatos demostrados. .


De todos modos creen que es responsable de ciento cincuenta y siete asesinatos, de los cuales ciento ocho los cometió en compañía de Ottis






Ottis. Henry.


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lunes, 18 de diciembre de 2006

Pogo

John Wayne Gacy






Nacio: 17-Mar-1942

Murio: 10-May-1994
Lugar De Muerte: Joliet, IL
Causa de muerte: Ejecucion
Genero: Masculino
Religion: Catolico Romano
Rasa: Blanco
orientation Sexual: Bisexual
Ocupacion: Criminal
Nacionalidad: Estados unidos
Acusado por: muerte de veintiocho chicos en su jardin







John Wayne Gacy (17 de marzo de 1942 - 10 de mayo de 1994), conocido también como Pogo. Asesino en serie estadounidense, que asesinó al menos a 36 hombres jóvenes antes de ser detenido. Su principal zona de actuación era las zonas de homosexuales. Su forma de captar su víctimas, a veces hombres en las calles y otras veces a sus empleados, era atraerlos ofreciéndoles mejores puesto de trabajo, alcohol o drogas. Una vez los seducía, los llevaba a su casa, los torturaba, les ataba las manos, les recitaba la Biblia para acabar estrangulándolos pero antes mantenía sexo con ellos, para después enterrar los cuerpos en el jardín de su casa.
Tenía un grado de sadismo muy avanzado, sentía la necesidad de dominar y controlar. Muchas veces metía a sus víctimas en bañeras maniatados y con bolsas de plástico en la cabeza, cuando estaban casi ahogados, los revivía para infringirles diversas torturas.
Se creía invencible, por eso empezó a llevar a jóvenes a plena luz del día y los vecinos ya empezaban a creer en su homosexualidad.
Durante su vida se esforzó en mantener buenas relaciones familiares, laborales y con sus vecinos. Se casó dos veces, y tuvo hijos de su primer matrimonio (en el segundo los adoptaron). Trabajaba en una próspera empresa de construcción como gerente de obras, esta empresa era de su propiedad y tenía más de cien empleados. Participaba en gran cantidad de actos sociales, fue nombrado "hombre del año" por sus vecinos en dos ocasiones, entre otras cosas participaba en espectáculos para niños disfrazado de payaso con el sobrenombre de Pogo.






John Wayne Gacy descubrirá que el mal humano se esconde en lugares todavía menos accesibles que una arteria cerebral colapsada, la que tenía Gacy desde que se cayera en el jardín de su casa cuando era niño y que, según algunos expertos, transformó su cerebro en una mente psicopática. Quizás el mal anide en las entrañas del alma de algunos hombres que parecen, pero sólo parecen, buenos. No cabría otra forma de calificar a un ciudadano tan ejemplar como John. Era un eficaz hombre de negocios, dedicado plenamente a hacer crecer su empresa de albañilería y decoración, a cuidar de su casa, a amar a su segunda esposa y a cultivar las relaciones sociales. El tiempo libre siempre lo dedicaba a los demás: organizaba las fiestas vecinales más famosas del barrio, se vestía de payaso y amenizaba las tardes de los niños ingresados en el hospital local. Incluso fue tentado por la política y se presentó como candidato a concejal. Y lo habría llegado a ser si no se hubiera cruzado en su camino el joven Jeffrey Rignall y su tenaz lucha por la supervivencia. El 22 de mayo de 1978, Rignall decidió salir a tomar unas copas en alguno de los bares del New Town de Chicago. Mientras paseaba, ya de noche, un coche le cortó el paso. Un hombre de mediana edad y peso excesivo se ofreció para llevarle a la zona de bares más famosa del lugar. Rignall, osado, despreocupado, acostumbrado a viajar haciendo auto stop y, sobre todo, harto de pasar frío, aceptó la invitación sin sospechar que aquel hombre, en un descuido, le iba a atacar desde el asiento del conductor y a taparle la nariz violentamente con un pañuelo inpregnado de cloroformo.






Lo siguiente que Rignall pudo recordar fue la imagen de su nuevo colega desnudo frente a él, exhibiendo una colección de objetos de tortura sexual y describiendo con exactitud cómo funcionaban y cuánto daño podrían llegar a producir. Rignall pasó toda la noche aprendiendo sobre sus propias carnes mancilladas una y otra vez la dolorosa teoría que su secuestrador iba explicando. A la mañana siguiente, el joven torturado despertaba bajo una estatua del Lincoln Park de Chicago, completamente vestido, lleno de heridas, con el hígado destrozado para siempre por el cloroformo, traumatizado… pero vivo. Tenía el triste honor de ser una de las pocas víctimas que escaparon a la muerte después de haber pernoctado en el salón de torturas de John Wayne Gacy. En sólo seis años, 33 jóvenes como él vivieron la misma experiencia, pero no pudieron contarlo. A veces, el camino hacia el mal es inescrutable, se esconde y aflora, parece evidente y vuelve a difuminarse. Toda la vida de Gacy resultó una constante sucesión de idas y venidas. Fue torpe en los estudios, se matriculó en cinco universidades y tuvo que abandonarlas todas; sin embargo, terminó su último intento de estudiar Ciencias Empresariales y se licenció con brillantez. Hasta llegó a ser un hábil hombre de negocios. Se enroló en cuantas asociaciones caritativas, cristianas y civiles pudo, pero mantuvo una oscura relación con su primera esposa, llena de altibajos y cambios de temperamento. Tuvo dos hijos a los que amó y respetó, sin que eso nublara un ápice su eficacia para atraer y matar a otros adolescentes. Resulta, incluso, paradójico que un hombre obeso y aquejado de graves problemas en la espalda fuera capaz de atacar, maltratar, matar y enterrar a jóvenes llenos de vigor. Pero lo hizo una y otra vez, hasta en 33 ocasiones.


Pero si fue doloroso encontrar los cadáveres de 33 jóvenes incautos, peor resultó saber que su asesino ya había dado muestras de lo que era capaz de hacer. Poco después de casarse por primera vez, comenzaron a circular insistentes rumores sobre la tendencia de Gacy a rodearse de jóvenes varones. Rumores que sus vecinos vieron confirmados cuando el amable John fue acusado formalmente por un juez de violentar sexualmente a un niño de la ciudad de Waterloo. Él siempre sostuvo que las acusaciones no eran más que un montaje creado por el sector crítico de una de las asociaciones cívicas a las que pertenecía. Pero cuatro meses más tarde, la mesa del juzgado recibía la documentación de una nueva denuncia. La propia víctima del supuesto ataque sexual había sido apaleada. El agresor, un joven de 18 años con dudosa reputación, declaró que fue Gacy quien le pagó para escarmentar al niño que le acusaba. El caso estaba claro: Gacy fue sentenciado a 10 años de prisión en la penitenciaría de Iowa. La historia de un asaltador de menores parecía tocar felizmente a su fin…, cuando en realidad, no había hecho más que empezar. Incomprensiblemente, Gacy salió de la cárcel un año y medio después, aireando un indulto concedido en atención a su buen comportamiento y las "evidentes muestras de reforma dadas por el reo". El juez no tuvo duda de que aquel preso de 27 años se había transformado en otro hombre: lo que no supo hasta tres años después es que el nuevo John Wayne Gacy era aún peor. Gacy no sólo se las arregló para engañar al juez, también engañó a los vecinos de Sumerdale Avenue que lo acogieron en su segunda vida; a Lillie Grexa, una mujer divorciada y madre de dos hijos que se enamoró de él y aceptó su propuesta de matrimonio; a los clientes de una brillante empresa de reformas de albañilería que él mismo montó y, lo que es peor, a decenas de jóvenes varones que acudían a casa de Gacy bajo la promesa de un trabajo bien remunerado como albañiles.



En diciembre de 1978, la madre del joven de 15 años Robert Piest empezó a impacientarse al ver que no regresaba del trabajo. El chico se ganaba un dinero extra ayudando en una farmacia, y estaba a punto de entrevistarse con un tal Gacy que le había ofrecido mejorar su situación si trabajaba como albañil para él. La desaparición de Robert fue puesta en conocimiento del teniente Kozenczak del departamento de policía de Des Plaines. Entre sus pesquisas, el agente hizo una llamada a Gacy, ya que su nombre aparecía entre los papeles del chico. Por supuesto, el ciudadano Gacy no acudió a la cita (se excusó diciendo que estaba enfermo), pero se presentó voluntariamente en la comisaría al día siguiente. Para entonces, el teniente se había encargado de estudiar el historial penal de aquel hombre (sentenciado e indultado por asaltar a un menor).





Aunque Gacy negó cualquier relación con Piest, la policía logró una orden de registro de su domicilio en la que se incautó del más completo arsenal de instrumentos de tortura jamás visto en la región. Pocos días hicieron falta para lograr que Gacy confesara y entregara a la policía un detallado plano del jardín de su casa, en el que había marcado los lugares donde yacían los 33 cadáveres. En su declaración final, la vida del payaso asesino pareció sacada de una película de terror. Durante el juicio, Gacy aseguró que existían “cuatro John: el contratista, el payaso, el vecino y el asesino y constantemente respondía con las palabras de uno y de otro”. Lo que no pudo explicar fueron los motivos que le llevaron a dejar con vida al joven Rignall, cuya declaración sirvió para mandar al criminal a la camilla donde se le aplicó una inyección letal el 10 de mayo de 1994. Sus últimas palabras fueron : “¡Besadme el culo!”



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LA DALIA NEGRA

Elizabeth Short, The Black Dahlia




En 1947 el cadáver mutilado de Elizabeth Short, de 22 años, apareció en un descampado de Hollywood. La autopsia reveló días después que la mujer había sido atada y torturada brutalmente durante dos días: la quemaron con cigarrillos y la tajearon con un cuchillo. Además, de los múltiples cortes y quemaduras que tenía en todo el cuerpo, los médicos forenses comprobaron que sus piernas habían sido fracturadas con un bate de béisbol. Finalmente la asfixiaron hasta matarla y después cortaron el cuerpo en dos.












En los Estados Unidos de la posguerra y la época dorada de Hollywood, el asesinato de esta joven aspirante a actriz se transformó en una gran noticia. La forma en que la habían torturado y el misterio que rodeó al crimen fueron dos elementos seductores para la prensa amarilla que no tardó en apodar a la víctima como "La Dalia Negra", porque siempre vestía de negro.


Elizabeth Short había nacido el 29 de julio de 1924 en Hyde Park, Massachussetts. Desde muy chica se sintió fascinada por las películas. Con el tiempo maduró su sueño de convertirse en una estrella de cine y ya de adolescente empezó a actuar en pequeñas obras de teatro y a modelar. Viajó un par de veces a California, donde trabajó como cajera y camarera. Pero no terminaba de instalarse y regresaba a la Costa Este. En 1945 se comprometió con un piloto de la Fuerza Aérea, pero poco antes de casarse el hombre murió en un accidente mientras estaba en la India.Poco después se reconcilió con un antiguo novio y por él volvió a California. Pero las cosas no salieron como ella pretendía y se separaron. Fue entonces cuando empezó a vestirse de negro y a explotar esa imagen de vampiresa que tenía.









Al poco tiempo de estar en Hollywood comenzó a asistir a clubes nocturnos y a promocionarse con agencias de actores de dudosa reputación. Aún así las cosas no le salían como quería y casi siempre estaba sin dinero. Comenzó a pedir prestado a los hombres con los que salía. Incluso algunas versiones hablaron de que llegó a prostituirse.El crimen sacudió a todo Hollywood y ante el escándalo la policía de Los Angeles (LAPD) desplegó todo su poderío en tratar de esclarecerlo. Pero los únicos resultados que obtuvieron fueron confesiones falsas y la sospecha de que el autor había sido alguien conocido de la víctima. Hasta hoy el asesinato sigue impune.









Durante su breve vida, Elizabeth Short nunca apareció en una película. No hay ningún registro de que haya aparecido siquiera como figurante. Sin embargo, dentro de la cultura popular Short -que contaba frecuentemente a sus amigas que quería llegar a ser alguien en el mundo del espectáculo- ha emergido casi como una protagonista honoraria cuya misteriosa vida y violenta muerte se adapta a los contornos de un clásico guión de una película de misterio.Ciertamente era guapa. Junto con su figura de hula-hop, poseía una gran sonrisa, piel de alabastro y rizados cabellos negros. Y murió bien: joven, misteriosamente y de manera horripilante.Los escandalosos titulares que informaron sobre su asesinato en 1947 advirtieron sobre un "maníaco hombre-lobo", cuando los diarios de la ciudad luchaban por hacerse con la primicia. Las fotos de su cadáver -el torso cortado en dos, la cara rajada en una espantoso de sonrisa- fueron omitidas.






Pero el apodo lo hizo pan comido. Se derivaba de una popular película de esa época titulada ‘La dalia azul’ [The Blue Dahlia], con Veronica Lake y Alan Ladd. Short, que a los 22 destacaba con su ropa negra, y su pelo oscuro, a veces adornado con flores, era conocida por sus amigos como La Dalia Negra.Desde el principio la obsesión ha rodeado el asesinato de Short. Toda una lista de sujetos -hubo docenas- se entregaron, reclamando que ellos la habían asesinado. Pero hasta el día de hoy el caso sigue sin resolver, agregando más morbo a la leyenda. Ahora, casi seis décadas después de su muerte, Universal Pictures prepara el lanzamiento de ‘La Dalia Negra’ [The Black Dahlia], basada en la novela de 1987 de James Ellroy del mismo título, dando a Short su primer close-up en la gran pantalla. Dirigida por Brian De Palma y con un presupuesto de cerca de 45 millones de dólares, la película llegará a las salas en otoño, con un reparto que incluye a Josh Hartnett, Aaron Eckhart, Scarlett Johansson, Hilary Swank y, como la misteriosa mujer del título, a Mia Kirshner.


Se han propuesto muchas teorías sobre el asesinato de Short. ¿Estuvieron involucrados Bugsy Siegel y la mafia? ¿Un vagabundo llamado Jack Anderson Wilson? En un libro, un ex detective de la policía, llamado Steve Hodel, plantea que su propio padre, el doctor George Hodel, fue el asesino.Entretanto, Larry Harnish, un corrector de Los Angeles Times, ha estado escarbando en los archivos, hablando con los tímidos miembros de la familia Short y trabajando en su propia hipótesis (y futuro libro): que el asesino fue un doctor llamado Walter Bayley. Fue Harnisch quien catalogó los archivos del caso que el despacho del fiscal del condado de Los Angeles puso sólo recientemente a disposición de investigadores."A la gente le encanta oír sobre el tema, pero no sé si alguien lo resolverá alguna vez", dijo Sandi Gibbons, agente de información al público para el despacho del fiscal de distrito. Además, dijo: "No hay nadie a quien procesar, porque de seguro están todos muertos".Los archivos en el Departamento de Policía de Los Angeles siguen sin poder ser consultados hasta el día de hoy. "El caso sigue abierto", dijo Brian Car, un detective de la brigada de robos y homicidios que se llama a sí mismo "el conservador de los archivos de la Dalia"."Leí las cartas que había en los archivos", dijo Carr. "Hay un tipo que usa numerología y triangulaciones". Muchos detectives aficionados preguntan sobre el ADN, agregó, pero "no hay nada". La razón: "El cuerpo fue desangrado".Y en cuanto a las teorías: "No tenemos ninguna posición oficial", dijo.Dada su espantosa naturaleza y las misteriosas circunstancias, el caso de la Dalia sigue resonando culturalmente.




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.DEDICADO A NIGER ANGELUS.



















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